domingo, 8 de julio de 2012

El efecto del paro en el largo plazo


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  • Esta recesión se está caracterizando por el paro de larga duración
  • El 47% de los desempleados en EEUU llevan más de seis meses sin trabajar
  • Estamos asistiendo al deterioro de los salarios reales en todo el mundo


Cuando un parado de larga duración encuentra un empleo, su sueldo es un 30% inferior al que percibía antes de perder su anterior puesto de trabajo. Es más: veinte años después de haber perdido su puesto de trabajo, todavía cobraban un 15% menos, en términos reales. Los jóvenes que se gradúan de la universidad durante una recesión siguen teniendo, tras 20 años en el mercado laboral, ingresos inferiores a los que lo han hecho durante una fase expansiva de la economía.
Eso es lo que revelan los estudios realizados durante la última gran crisis del mercado laboral en EEUU, durante la presidencia de Ronald Reagan. En otras palabras: estar en el paro es una garantía de que se va a seguir en el paro, o de que se va a encontrar un trabajo peor pagado. Eso, en el medio y largo plazo, es un cáncer para una economía.
'Estar en el paro es una garantía de que se va a seguir en el paro o de encontrar un trabajo peor pagado'
Así que los efectos en el mercado laboral de lo que en EEUU se conoce como la Gran Recesión esta crisis van a ser devastadores. Porque esta recesión se está caracterizando por el paro de larga duración. Según el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, el 47% de los desempleados en ese país llevan más de seis meses sin trabajar. Para los parámetros estadounidenses, es una cifra sin precedentes desde que existen estadísticas (probablemente en la Gran Depresión fue peor, pero no hay datos oficiales).
Normalmente, la mayor preocupación que genera el paro es, comprensiblemente, en el corto plazo. Así, según el CIS, el mercado laboral es el principal problema económico para el 77,8% de los españoles, frente al 81,7% de hace apenas un mes o al 84,1% de hace un año. Eso puede significar una mejoría de la percepción de la situación del mercado laboral, después de tres meses consecutivos de reducción del desempleo. O, simplemente, que ya nos hemos acostumbrado tanto a un paro estratosférico que nada nos asusta. Es, en todo caso, una situación similar a la del resto del mundo. En EEUU, por ejemplo, una encuesta de Gallup mostraba esta semana que el 78% de los ciudadanos consideran la situación del mercado laboral «mala». La tasa oficial de paro en EEUU es del 8,2% pero, si se midiera como en España, del 14,9%.

Problemas sociales

Pero el impacto de ese paro lo vamos a notar durante décadas. Los efectos del desempleo se acumulan. Cuanto más tiempo está desempleada una persona, más desconectada del mercado laboral se queda. Más habilidades pierde. Menos contactos tiene. La economía evoluciona, pero el desempleado, no. Y más aún en épocas de crisis como ésta. Los trabajadores de la construcción, por ejemplo, saben que su sector va a salir de esta crisis tremendamente reducido.
El paro también genera problemas sociales, porque a menudo conlleva depresión, pérdida de autoestima y sensación de estar ‘fuera de la sociedad’, según el estudio clásico en este campo 'El trabajador en paro'. Un estudio sobre cómo vivir sin trabajo, del profesor de Yale E. Wight Bakke. Ese libro probablemente fuera una exageración hoy en día, porque fue escrito en los años treinta, cuando en EEUU apenas había sistemas de protección social, hasta el punto de que estar 4 meses desempleado podía implicar pasar a ser un vagabundo. Además, la importancia de tener un trabajo es mucho mayor en la sociedad estadounidense que en la europea. Pero, en cualquier caso, sus conclusiones generales son aplicables en el siglo XXI.
Encima, en esta crisis estamos asistiendo a un deterioro de los salarios reales en todo el mundo, hasta el punto de que hay empresas estadounidenses que están desmontando sus fábricas de China y llevándoselas de nuevo a EEUU porque los salarios son más bajos en Ohio que en Tianjin. Eso puede parecer una buena noticia, pero también indica que, en el momento en el que los sueldos empiecen a subir en EEUU, esas plantas volverán a viajar (un posible destino: Myammar).
Así, aunque el paro nos preocupe menos, y aunque el mercado laboral esté mejorando a paso de tortuga, los efectos de este cáncer van a durar décadas. Ésa va a ser una de las peores herencias de la Gran Recesión.


Fuente: Diario El Mundo
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