domingo, 19 de febrero de 2012

Una economía intervenida comienza a agrietarse


En diciembre el cónsul de un país americano cruzó el río de La Plata hasta Uruguay para comprar una plancha. Hace unos días, el Presidente de una empresa vinculada al sector agropecuario se trajo los neumáticos de su automóvil de Europa. En ningún caso se trata de hombres caprichosos. En ambos, la operación fue obligada: Argentina bloquea las importaciones y de la prohibición no se salva nada ni nadie. Librerías, relojerías, supermercados, concesionarios, tiendas de electrodomésticos, ferreterías, farmacias y hasta hospitales están en jaque. Las restricciones o prohibiciones son moneda corriente en la Argentina de hoy en día y alcanzan todos los ámbitos de la economía, desde la compra de divisas hasta el reparto de dividendos de las compañías con sedes en el exterior.
El “modelo” de Cristina Fernández de Kirchner, reelecta con más del 54 por ciento de los votos hace menos de cuatro meses, comienza a crujir. “La piedra angular de su política económica es el superávit fiscal y éste se le desmorona”, observa Raúl Ochoa, ex secretario de Estado de Energía y Asesor del Círculo de Legisladores Nacionales.
Argentina, con crecimiento a tasas cercanas al 8 por ciento desde el 2004, empieza a perder fuelle. El país sufre una inflación real entorno al 30 por ciento, hay control de precios, el Estado subvenciona todos los sectores de la economía, tiene petróleo y gas pero necesita importar energía. Sin saldar la deuda con el Club de París (unos siete mil millones de dólares) el grifo al crédito internacional está cerrado y el Banco Central hace esfuerzos ingentes para mantener las reservas. En este escenario la población y los sindicatos, -a cara de perro con el Gobierno-,empiezan a verle las orejas al lobo del retroceso. También con estas referencias muchos explican las medidas a la desesperada de Guillermo Moreno, el super poderoso secretario de Comercio y primer “cristinista” del Gabinete. También en este contexto surge el fervor nacionalista que Cristina Fernández de Kirchner ha reflotado. “Malvinas-YPF cien por cien Argentina. Frente para la Victoria”, el cartel, firmado por el partido de la presidenta, habla por sí mismo.
“La intervención del Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Cómputos) para inventar números es el principio de un discurso del Gobierno basado en datos falsos pero en algún momento la realidad se impone y ese momento ha llegado. Los milagros no son eternos”. La reflexión de Raúl Ochoa, continúa: “¿Cómo explican que los legisladores se aumenten el 100 por cien los sueldos, los sindicatos pidan subidas del 30 por cien y el Gobierno insista en publicar que la inflación oficial es del 9?”.
Los analistas consultados coinciden en que Argentina no está, todavía, en problemas graves “porque no son estructurales”, puntualiza Nicolás Gadano profesor de la Universidad Di Tella y colaborador de Fiel (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas). Los que tiene, continúa, “se pueden resolver pero hay que atacar la solución de fondo”. Ochoa puntualiza, “para lograrlo se necesita hacer ajustes y sacrificio, un trabajo en equipo y coordinación es la clave pero en Argentina no hay Gabinete, hay un reinado”.

Peligro de retroceso

Si no se toman decisiones rápidas y con rigor, las nubes que se avecinan pueden convertirse en más que una tormenta pasajera. “El 30 por ciento de la población vive atada a los subsidios y el 85 por ciento de la energía y el transporte lo cubre el Estado. Las subvenciones tiene que desaparecer ya pero el Gobierno no se atreve a tomar la decisión. Lo que hace es retirarlas de forma gradual y sectaria “, insiste Ochoa. El Gobierno, en efecto, ha comenzado un proceso en ralenti, por barrios, a voluntad del consumidor y siguiendo otros mecanismos, cuando menos, pintorescos para terminar con los subsidios.
Marcelo Pereta, presidente del sindicato de farmacéuticos y bioquímicos, hizo el viernes una llamada desesperada: No tenemos sustitutos para medicamentos oncológicos ni alternativa de genéricos para los pacientes con HIV. Pedimos al Gobierno el ingreso inmediato, sin restricciones, de un listado de medicamentos de los que carecemos de reemplazo posible porque su efecto no es el mismo.
El grito de auxilio de Pereta hizo recordar la Argentina en depresión de finales del 2001 y principios del 2002.
“No, no son comparables las situaciones. La Argentina del 2001 tenía el cepo del cambio fijo con el dólar por la ley de convertibilidad, la deuda externa y a los bancos en crisis”, advierte Nicolás Gadano. “El bloqueo a las importaciones es un recurso, equivocado, que pretende frenar la salida de dólares e impulsar el mercado interno”, observa, pero “el peligro de esa medida es que puede tener el efecto contrario al deseado y paralice la producción nacional porque casi todo lo que se produce hoy necesita algún componente importados. De rebote, evite la entrada de divisas y provoque una subida de precios.”

«Revival» de «corralito»

Ymelda Alberca, empleada doméstica, fue a comprar dólares para enviar remesas a su familia de Perú. En la casa de cambio le dijeron que necesitaba autorización de la Afip (Administración Federal de Ingresos Públicos) Ymelda fue entonces a la Afip. Allí le dijeron que su sueldo, de casi 600 euros, era insuficiente para autorizarla a cambiar pesos en divisas. Cuando pidió que se lo notificaran por escrito, el funcionario solo aceptó entregarle una constancia de que había hecho una consulta. Su “patrona” fue a la misma agencia a vender dólares. “Ningún problema, puede traer los que quiera. Esa operación no tiene límite. Los obstáculos son para comprar no para vender”, le respondieron. La escena, como la escasez de artículos, parecía un “revival” de los días previos al “corralito”. “Esa es la razón por la que Moreno (secretario de Comercio) se ha sentado encima de las divisas”, apunta Ochoa. Dicho de otro modo, eso explica el cerrojo o “el corralito verde” como lo llaman los argentinos, por el color del dólar.
En octubre IBM anunció que exportará arroz y cuero. A cambio, el Gobierno le permitía seguir importando vehículos. El acuerdo es uno más a los que se obliga a las empresas. “Lo llaman “compensación”, recuerda Gadano. “Manejan la economía de forma artesanal, quisquillosa. Esto es pan para hoy y hambre para mañana”, insiste. “Argentina vive un proteccionismo sin reglas”, sentencia el columnista de La Nación Joaquín Morales Solá. Moreno es la voz de Cristina Fernández de Kirchner, ordena y manda pero no deja nada por escrito. “No hay seguridad jurídica. Las reglas cambian de forma permanente y en ese escenario es muy difícil que alguien venga a invertir”, se lamenta Raúl Ochoa.
Hay datos alarmantes en un país que hasta no hace demasiado tiempo se consideraba el granero del mundo y presumía de una cabaña vacuna envidiable. “Faltan vacas, el consumo de carne cayó de ochenta kilos al año a cincuenta. Hoy el argentino consume la misma cantidad de pollo que de carne vacuna.”, recuerda. Entretanto, Brasil y Uruguay exportan al mundo.


Fuente: Diario ABC
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